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Sábado, Diciembre 3, 2022
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Transformación, innovación y tradición

Por Christian Viera Alvarez, convencional constituyente por el Distrito 17

El proceso de discusión sobre las iniciativas constituyentes ha finalizado. Fueron miles las propuestas presentadas y deliberadas, en un tiempo muy acotado, en el contexto de una conversación política compleja y con un alto quórum para decisión. Con esas reglas, aún así la conversación avanzó y concluyó con una propuesta de borrador que en estos momentos está siendo objeto de correcciones en la comisión de armonización.

El proceso constituyente es atrevido, podría caracterizarlo en tres ideas: transformación, innovación y tradición.

El proyecto de Constitución contiene ideas e instituciones que pueden transformar nuestra estructura de convivencia. Por ejemplo, la fórmula del Estado social supone un quiebre definitivo para superar el estado subsidiario, en que el ejercicio de los derechos fundamentales, especialmente los derechos sociales, su satisfacción no depende de la capacidad de pago, del patrimonio de nuestros compatriotas. Si bien se trata de una propuesta que requiere gradualidad en su implementación, contiene la habilitación para el diseño en términos de justicia social. En efecto, pensiones, salud o educación no estarán condicionados si contamos o no con recursos para acceder a esos derechos.

Asimismo, esta propuesta contiene algunas reglas que empujarán un cambio cultural significativo: el enfoque de género y la regla de paridad. Somos testigos de injusticias que se encuentran en la estructura social. El hecho de ser mujer o formar parte de cualquier disidencia genera una injusticia multidimensional. Esta propuesta se hace cargo de esa injusticia y propone un nuevo diseño para la integración de instituciones, como también derechos fundamentales con la finalidad de superarla.

La propuesta también contiene innovaciones institucionales para corregir anomalías o deficiencias. Se propone el Consejo de la Justicia, un órgano externo que se encargará de la superintendencia directiva y correccional de los tribunales del país. Este Consejo corrige el problema de la falta de independencia interna de los jueces y juezas del país, pero también permite que el centro del trabajo jurisdiccional esté en su tarea: aplicar la ley e impartir justicia. 

También se proponen Defensorías, del pueblo y la naturaleza, órganos autónomos que realizan una tarea de persuasión para el cuidado y promoción de los derechos humanos. Se trata de instituciones reclamadas por años en el país y, en esta ocasión, contiene un reconocimiento constitucional expreso.

Se propone la Agencia del agua con la finalidad de ordenar, catastrar y fiscalizar el acceso al agua, su justa distribución y el uso correcto de los derechos de aprovechamiento. Bien sabemos que una de las grandes crisis que vivimos y seguiremos padeciendo es sobre el agua, por lo que es necesario una autoridad con facultades robustas para enfrentar estos desafíos.

A su turno, no todo es nuevo, hay una conexión con la larga tradición constitucional chilena. En materia de derechos fundamentales, la propuesta contiene reconocimiento a los clásicos derechos civiles y políticos: asociación, reunión, propiedad, libertad de empresa. Pero también, conecta con textos del siglo XIX y XX, por ejemplo, en materia de igualdad continúa la referencia a que en Chile no hay esclavos, un homenaje histórico a la temprana abolición de la esclavitud, las clásicas instituciones autónomas como la Contraloría y el Banco Central se mantienen en términos muy similares, los principios de la jurisdicción son similares a los que vienen de tiempos pretéritos, los derechos relativos al proceso como también la legalidad de los delitos y penas refieren a fórmulas clásicas aquí y en cualquier lugar del mundo. En fin, la propuesta también conecta con lo mejor de la tradición constitucional chilena y global.

Finalmente, la propuesta de nueva Constitución es fruto de una inédita y extraordinaria decisión institucional para encauzar la seria crisis política y social de nuestro país. Nadie puede desconocer que se trata de un ejercicio genuinamente democrático que contiene una respuesta que abre la puerta y habilita la posibilidad del cambio que reclama el país. Y esta propuesta de texto la podría resumir en una frase: esperanza para un nuevo Chile.

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